Mensaje del Superior General con motivo de la Fiesta del Fundador


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A contunuación, compartimos el mensaje del Hno. Robert Schieler FSC, Superior General de los Hermanos de las Escuelas Cristianas,  con motivo de la Fiesta de San Juan Bautista de La Salle 

15 de mayo de 2020

Queridos Hermanos, Colaboradores, alumnos y miembros de la Familia Lasallista,

En el tiempo de Pascua, nuestros corazones se inflaman al reflexionar sobre las lecturas de los Hechos de los Apóstoles que compartimos en nuestras liturgias. Las historias están llenas de energía, de aventura, de tribulación y de asombro. Podemos sentir al Espíritu Santo impulsando a los apóstoles a dar testimonio de Jesucristo con alegría, en voz bien alta y sin miedo.

La irresistible guía del Espíritu Santo descrita en los Hechos de los Apóstoles llevó a los primeros cristianos a una experiencia profunda de Cristo resucitado. La resurrección de Jesús transformó a aquellos hombres y mujeres que creían, en portadores de la Buena Nueva: He venido para que tengan vida, y la tengan en abundancia (Jn 10, 10).

La gloria de Dios es un ser humano plenamente vivo (Ireneo). ¿Qué significa esto aquí y ahora, cuando cada uno de nosotros, y todos juntos, nos encontramos cara a cara con el COVID-19? ¿Cómo estamos gestionando nuestras vidas que han sido vueltas del revés? ¿Cómo podemos cada uno de nosotros, nuestras comunidades de Hermanos y comunidades educativas lasallistas, inspirados por el Espíritu, ser portadores de la Buena Noticia los unos para los otros, para nuestros Hermanos, Colaboradores, alumnos, familias y amigos? ¿Podemos, como los apóstoles, consolar de alguna manera a los enfermos y acompañar a los que están en duelo?

Una descripción de la primera comunidad cristiana nos dice que «Un pequeño grupo experimentó con una visión de amor y reconciliación en una sociedad que había sido desarticulada, que sufría un exceso de tensiones, presiones y formas de agresión, para renovar dicha sociedad desde dentro».[1]

Muchos de nosotros nos sentimos fuera de lugar en este momento. Los rostros de los enfermos y moribundos nos persiguen; algunos de estos rostros pertenecen a nuestros Hermanos, familiares, amigos y vecinos. El sufrimiento nos rodea. De una forma u otra, todos experimentamos tensiones, presiones y formas de agresión. El confinamiento no resulta fácil.

El virus nos ha cogido desprevenidos y nos ha empujado a un momento histórico imprevisto. Los planes estratégicos, las perspectivas financieras, las actividades programadas, los viajes de negocios y de ocio tienen que ser repensados. Nuestro mundo ya no es lo que era hace unos pocos meses. ¿En calidad de embajadores de Jesucristo, cómo estamos ayudando de manera concreta a que los demás para que vivan su vida en abundancia?

Los Hermanos, Colaboradores, alumnos y todos los miembros de la Familia Lasallista buscaremos juntos el camino que deberán seguir nuestras comunidades religiosas y nuestras obras lasallistas. Al igual que las mujeres y los hombres sencillos de las primeras comunidades cristianas, abramos nuestros corazones, ojos y oídos al Espíritu Santo para que nuestras hermanas y hermanos mayores puedan soñar sueños y nuestros jóvenes tener visiones (Cf. Hechos 2, 17).

El viernes 27 de marzo, el Papa Francisco se dirigió al mundo: «Nos hemos dado cuenta de que estamos en el mismo barco, todos frágiles y desorientados, pero al mismo tiempo importantes y necesarios, todos llamados a remar juntos, cada uno de nosotros necesitado de consolar al otro». Aprovechemos este momento y rememos «juntos y por asociación», juntos reorientemos nuestras vidas y acompañémonos unos a otros en la respuesta a nuestra misión de mejorar la suerte de los demás, especialmente de los pobres, a través de nuestro ministerio de educación humana y cristiana.

 Nuestra familia lasallista está bendecida con soñadores y visionarios que nos proporcionan una gran abundancia de sabiduría, creatividad y visión. Con su ayuda estamos descubriendo nuevas formas de dar vida a nuestras comunidades educativas, de apoyar a las mujeres y hombres que atienden a los enfermos y moribundos y de anunciar la Buena Nueva a todos aquellos con quienes nos encontramos. Unidos y guiados por el Espíritu Santo, compartamos nuestros talentos, tiempo, alegría y energía para descubrir el camino a seguir (Cf. Hechos 2, 42-47).

Planifiquemos el futuro con energía y entusiasmo, sabiendo que la aventura y la adversidad nos esperan. Continuemos dando testimonio de Jesucristo con alegría, en voz alta y sin miedo. Y celebremos la fiesta de San Juan Bautista de La Salle comprometiéndonos de nuevo a cuidar fiel y celosamente de cada uno y de toda la creación de Dios.  San Agustín dijo que Dios nos ama a cada uno de nosotros como si sólo hubiera uno a quien amar. Y el Hermano Alois de Taizé añade: «Sí, Dios nos ama a cada uno de nosotros. Y es porque nos ama que Dios nos habla. ¿No quiere Dios decirnos: Miren cuánto dependen los unos de los otros, de las personas cercanas, pero también entre países y pueblos? Vean cuánto necesitan la hermandad entre ustedes. Vean cuán necesario es el cuidado de la creación para asegurar su futuro».

San Juan Bautista de La Salle. Ruega por nosotros.

Viva Jesús en nuestros corazones. Por siempre.

¡Feliz día de fiesta!

Hermano Robert Schieler, FSC
Hermano Superior

Información tomada  del sitio oficial del Instituto de los Hermanos de las Escuelas Cristianas: lasalle.org


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